Oh, los viejos tiempos

matojo-dibujos-animados-cubaA estas alturas del campeonato ocurre que te enteras a lo mejor de qué ha servido crearte un blog personal. Lo de montar el periodista de opinión con registro coloquial, una caja liberadora, el pensamiento descarriado, lo mucho por decir; el conjurado a la contra de los medios oficiales. Sigue leyendo

Del Inquieto Erasmo: La papa ayuda

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De momento, parece que el hado helado nos empieza a cambiar. Y como resulta que tuvimos en La Habana una inopia inopinada de papas en tiempos pasados, digamos pretérito cercano, este año, mientras la mayoría comienza a salivar, las voces agrícolas reunidas en etérea congregación han dicho: No desmayéis, pueblo, que 2015 promete una cosecha justa, y de la cornucopia emergerá el bienquisto tubérculo (sic), flagrante como Juan Gabriel. Querida, querida papa, dime cuándo tú,  dime cuándo tú, dime cuándo tú vas a volver, ay, ay.

Corren los rumores de que la papa está llegando; ya viene, ya viene llegando, conducida en carruajes de argento, conducida por caballos de impoluto pecho nevado. Asistamos, pues, a la epifanía de la papa. Sigue leyendo

Pero si hay miedo al profesor

Por: Mónica Rivero 

burro

Por un fuego que no des a tiempo, puede no salir el sol.

Canción contra la indecisión

Silvio Rodríguez

El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos

Simone de Beauvoir

En términos de víctima y agresor –entendiendo por el primero a todo aquel objeto de violación de derecho, de maltrato, abuso, injusticia, etc., y, sobre todo, consciente de tal condición. Y al segundo como sujeto de la acción– y poniendo que la víctima tenga testigos, ¿cómo se silencia el hecho? ¿Qué yace en la oscuridad, que no sale a la luz, por obra de qué voluntad o su falta? ¿Hay impunidad, hay intocables? ¿Se denuncian crímenes, a cualquier escala, que resultan silenciados? ¿Cómo se silencia a una multitud… existe tal multitud denunciante? Sigue leyendo

El masturbador público y otras adversidades asociadas

masturbador publicoAndo de tan mala suerte que la semana pasada encontré a un hombre masturbándose en público. No es hallar en el Vedado un tigre de Tasmania. Aquí son muy habituales. Se camuflan. Si no lo hacen con total descaro. Algunos han visto quizás demasiado de los masturbadores, el arma impúdica erecta, el casco púrpura.

Repasemos, pues, un par de historias. Sigue leyendo

Lo que sé de Gabriel

Por: Álvaro Mutis

serioConocí a Gabriel García Márquez, hace 42 años, una noche de tormenta, en el Barrio de Bocagrande, en Cartagena. Me lo presentó Gonzalo Mallarino, su compañero de la Facultad de Derecho en la Universidad Nacional, y ya su admirador irrestricto. Las palmeras casi tocaban el suelo por las fuerzas del viento y los cocos verdes se estrellaban en el pavimento con su ruido sordo, ya faulkneriano. Sigue leyendo

Los caminantes felices

caminantes

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Inevitable. Dicho y hecho. Finalizado un concierto en la escalinata de la Universidad de la Habana, unos amigos que traían ganas de estirar la noche y yo con mi total indiferencia  hacia el tiempo, nos dirigimos al parque de G, la conocida Avenida de los Presidentes del Vedado. Es un hábito que tenemos cuando andamos por sus cercanías, lo que sucede, para qué mentir, muy a menudo. Mis amigos y yo tenemos una preferencia incomprensible por la Avenida de los Presidentes, por pasar los ratos en sus bancos pintados de verde. Vamos y retornamos, y eso que nos prometemos mil veces no volver, diciéndonos que la edad de trasnochar en los parques, en el parque, ya ha pasado, que la realidad es que G nos desterró desde que dejamos la adolescencia. Error. No nos desterró, nos lanzó un maleficio. Sigue leyendo

Nosotros los conformes

Llamemos a esta imagen Debate, sarcásticamente

Llamemos a esta imagen Debate, sarcásticamente

La pregunta es un tanto irreverente. Porque a estas alturas, y con las filosofías que nos envuelven, que nos emparedan, la mencionada pregunta puede parecer desleal. ¿Qué somos los cubanos?, y voy ligeramente –no tan ligeramente– más allá: ¿qué podemos esperar de Cuba, qué podemos esperar de sus dirigentes? Sigue leyendo

Fisionomías de Dios

I

Fig. 1. Aproximación a la apariencia del barrio de los Sitios en el municipio Centro Habana.

Fig. 1. Aproximación a la apariencia del barrio de los Sitios en el municipio Centro Habana.

Partamos del acuerdo de que el barrio de los Sitios es de desafíos. Suponiendo que hagan falta acuerdos de entrada.

Uno siente en los Sitios de Centro Habana que no es bienvenido si no es de allí, si no te vieron pasar antes por allí. Y ahora mismo no sabría explicarlo, argumentar, cualquiera que vaya y visite los Sitios de primerizo sabrá de las miradas celosas y las emanaciones hostiles de sus espacios, que fueron, en verdad, de sitios de sembrados que le dieron el nombre desde 1953; en tiempos coloniales, ahí hubo tierras donde se cultivaba arroz, plátanos, yuca y árboles frutales. Sigue leyendo

Vía crucis

guagua

El M1 era insosteniblemente rosa.

Iba de Alamar al Vedado y viceversa.

Tenía dos niveles superiores que eran sus gibas delantera y trasera, que llamaron barbacoas.

Luego lo nombraron en su totalidad camello, pero en el animal ungulado desértico uno se trasladaría con desazones de menor envergadura.

 

El armazón con gibas era halado como una carreta por una testa de Volkswagen o de International. Hasta el momento de su disección en La Habana, su versión oficial presentaba en su interior asientos de plástico desabridos, luz mortecina, ventanas malparadas, piso de planchas de hierro y tres puertas por las que se abordaba o se bajaba a tropezones, a empellones salvajes: siempre con roces, siempre fricción. En Cuba el transporte público es contacto, furor, asfixia, rugir.

En un sentido, alguna lumbrera del ministerio de transporte se percató de lo obvio: De haber sido diseñada una sola puerta en el vientre insosteniblemente rosa del M1, hubiera perecido algún pasajero adentro, pero anotemos que en Cuba hay un sistema de adaptación sempiterno. Esto es, conformarse y seguir, seguir en las mismas, salir adelante, retroceder, estancarse, círculo patético; de lo contrario, fallecer de un infarto, vivir poniendo en peligro al músculo cardiaco, menoscabando las arterias coronarias; hipertrofia, hipertensión, hiperencabronamiento, y todo lo dicho más que una vida, es una muerte en proceso.

También Cuba es un proceso. Aunque no se sepa de qué, pero lo es, o quiere insinuarlo.

De vez en cuando, un suave bandazo.

Fue en la cadencia de ese proceso o insinuación que nació el M1.

En medio de la inconmensurable crisis del transporte, el camello como emplasto.

Casi desde mi nacimiento el transporte ha estado en crisis, al igual que la economía. Si mejorara la economía, mejoraría el transporte. Es lo que uno supone que ocurra. Las suposiciones sirven a la paciencia y hemos de ser pacientes, que es, a la vez, ser un poco demasiado, ser sobrenatural. La paciencia cubana tiende a ser sobrenatural.

Agitando un puño en el aire, un viejo de hombros caídos maldijo al Comunismo.

Era una tarde en que llovía fuerte y el M1 se había retrasado una hora y media. Demora estándar. El viejo fue a guarecerse bajo un techo pequeño, como un cobertizo, en la calle 27. Vestía una camiseta y sobre la cabeza había encajado hasta el hélix de sus orejas una gorra desvaída. Una cortina de agua descendía a la entrada de su refugio.

En sus ojos, una combustión de rabia e impotencia. Esos pequeños ojos viejos que vieron pasar las cuarentiñas, y a continuación los camellos, la mitad de un siglo, la bruma, los racimos de personas pendiendo de las puertas, el humo de los carburadores, las combustiones en los ojos de los otros. Esos viejos ojos agotados. Agotados como él. Él hubiera culpado a cualquier cosa, yendo más lejos. Entonces, bajo el torrente, culpó al Comunismo. Hubiera sido al presidente o a su propia madre. El Comunismo fue la síntesis de un desdoblamiento.

Cuando llegó, el viejo trepó al M1, que vino sin espacios libres. Justo como lo esperaban, el viejo y el resto.

La máquina del camello arrancó con un bramido.

Al rato en el interior de su vientre insosteniblemente rosa, alguien con descomposición de estómago aflojó el culo y dejó escapar un pedo que quedó atrapado, inficionando el aire, en laso ascenso a las barbacoas.

Los pasajeros se escudriñaban unos a otros. En absoluto silencio. Hablar, protestar, clamar justicia, era unos tres cuartos de confesión. Demasiados sospechosos reunidos, agrumados entre sí. Para la fechoría en cuestión no había cómplices, solo un culpable, porque hasta estas fechas no se conoce de la autoría de una ventosidad con cómplices. Por mayoría, las miradas se posaban en un regordete de overol sucio y después en un ser escuálido de rulos grises y enmarañados, que apestaba a ron malo. Nada de mujeres para el ojo suspicaz, cuando es una verdad a pie firme que las tripas y el ano constan en ambos sexos.

El viejo de la maledicencia, solo levanta su mano vieja y cubre los orificios viejos de su nariz vieja. Hasta que desciende con paso de viejo del camello, sin reparar en el volumen compacto que lo escaneaba a sus espaldas.

En la calamidad arquitectónica de Alamar, las aguas cubrían las calles, los drenajes se ahogaban. El viejo hundía sus flacos tobillos en las aguas, volvería a sumir sus pensamientos en el Comunismo. Algunos observadores hábiles lo vieron caer, de súbito, en una especie de marasmo.

 

La variación del ángel voluptuoso

1228157350292_fEn el Instituto Politécnico de Economía Habana Vieja de la Manzana de Gómez, los baños apestaban con sus miasmas reunidos. Los pasillos eran oscuros y se llenaban de rumores en los recesos, y caían en un silencio de cementerio pasada la hora de salida. Las aulas estaban distribuidas según la forma de rectángulo del edificio, de manera que uno podía partir de un punto y regresar al mismo con facilidad, dándole la vuelta a la construcción, pasando por delante de la Dirección en uno de sus ángulos, de los profesores y profesoras sobornables dando una clase a la que la mayoría atraía menos que el episodio de la turista o el turista  bañándose en cueros, exhibiéndose a través de los cristales medio transparentes del Hotel Plaza. Sigue leyendo